Aprender a emprender: Por qué los emprendedores colombianos no aprenden de su negocio (aunque quieran)
Por Empiiu | Sistema de Gestión para Emprendedores · 5 min de lectura

Por Empiiu | Sistema de Gestión para Emprendedores · 5 min de lectura

Según el estudio de Hábitos de Lectura 2024 de la Cámara Colombiana del Libro, el 72 % de los colombianos leyó durante ese año, con un promedio de 3,75 libros por persona. No somos un país de no-lectores.

El punto es otro: cuando se tiene un negocio, leer para el negocio se siente diferente a leer por gusto o por costumbre. El problema no es la voluntad — es que nadie nos enseñó cómo aprender mientras se trabaja. El contenido está pensado para otro ritmo de vida, y la jornada del emprendedor no tiene mucho margen para encajar ese ritmo.
Ahí es donde se rompe el ciclo. No por pereza — por falta de un sistema que se ajuste a la realidad de quien lleva el negocio todos los días.
Hay una razón concreta para esto, y no tiene nada que ver con disciplina.
Cuando lees algo entretenido — un chat, un video corto, una noticia — el cerebro recibe una pequeña dosis de dopamina casi de inmediato. Cuando abres un libro de finanzas o un artículo sobre flujo de caja, la recompensa es futura y abstracta: lo que vayas a aprender todavía no se siente como algo real.
A eso se suma que la jornada del emprendedor suele ser larga. El DANE reporta que los trabajadores por cuenta propia en Colombia están entre quienes más horas dedican al trabajo semanal. Cuando llega el momento de "ponerse a estudiar", el cerebro ya agotó buena parte de su energía disponible para tomar decisiones y procesar información nueva.
Dicho eso, leer para el negocio sí importa — y mucho. La diferencia entre un emprendedor que escala y uno que sigue resolviendo los mismos problemas año tras año no suele ser el producto ni el capital: es la capacidad de entender qué está pasando en el negocio, tomar una decisión diferente y ver el resultado. Ese ciclo se construye con información, y la información entra a través del aprendizaje. No como hábito cultural ni como disciplina personal, sino como herramienta directa de trabajo: el emprendedor que entiende cómo fijar un precio, cómo leer su flujo de caja o cómo hablarle a su cliente mueve la caja a su favor. El que no lo entiende sigue trabajando más horas para el mismo resultado. La recompensa puede no llegar esta tarde, pero sí llega esta semana, y se mide en decisiones concretas que antes no existían.
La mayoría de los emprendedores no deja de aprender por decisión. Lo hace en uno de estos cuatro momentos, sin darse cuenta:
1. La intención se queda en intención: "Tengo que aprender sobre costos" es un buen propósito. Pero sin un formato concreto, un momento del día definido y un contenido específico, esa intención se repite semana tras semana sin que pase nada.
2. El contenido no encaja con el contexto: Se abre un curso o un libro que parece perfecto, pero está pensado para empresas más grandes, para el mercado norteamericano o para situaciones que no tienen nada que ver con la realidad del negocio propio. La sensación de "esto no aplica para mí" llega rápido.
3. Demasiada información a la vez: Se encuentra algo útil, pero viene en bloques tan grandes que no está claro por dónde empezar a aplicarlo. La sobrecarga produce el mismo resultado que el aburrimiento: se cierra la pestaña y se guarda para después.
4. No hubo aplicación visible: Se aprendió algo, pero no se usó. Sin aplicación no hay resultado, y sin resultado el cerebro cataloga ese contenido como "interesante pero no urgente". La próxima vez cuesta más volver a abrir ese tema.
Reconocer en cuál de estos cuatro momentos se suele frenar ya es un avance real.
Veinte minutos al día de aprendizaje aplicado producen más resultado que tres horas los sábados. La razón es la misma que explica por qué funciona la técnica de microaprendizaje: la práctica distribuida en sesiones cortas y frecuentes construye memoria más duradera que los bloques largos y esporádicos.
En términos de hábitos, esto coincide con lo que James Clear describe en Hábitos Atómicos: los comportamientos consistentes se vuelven automáticos con el tiempo, y reducir la fricción del inicio es más efectivo que aumentar la motivación.
El método funciona así:
Elige un solo problema de tu negocio. No "aprender marketing", sino mejor "entender por qué mis publicaciones no generan mensajes". Cuando el cerebro tiene una pregunta concreta, filtra automáticamente el contenido que responde esa pregunta y deja pasar lo que no sirve para el momento.
Usa el formato que ya usas. Si ya escuchas podcasts en el carro, busca uno de negocios adaptado a Latinoamérica. Si ya ves videos cortos en el celular, sigue cuentas que enseñen con casos reales. El objetivo no es cambiar los hábitos existentes — es redirigir lo que ya haces.
Aplica antes de que pasen 24 horas. Hermann Ebbinghaus demostró con su curva del olvido que el contenido que no se usa en el primer día se olvida en su mayoría antes de la semana. No hay que terminar el curso completo para empezar a aplicar — basta con el primer punto útil, aunque sea imperfecto.
Registra la aplicación, no el aprendizaje. No "leí sobre costos variables". Es mejor, "calculé el costo real de una unidad de mi producto y el número fue diferente a lo que creía". Esa nota de dos líneas tiene más valor que diez páginas subrayadas.
No todos los formatos de aprendizaje encajan igual con la vida de alguien que lleva un negocio. Esta tabla compara los cinco más comunes:
Formato | Tiempo por sesión | Aplicabilidad inmediata | Funciona mejor cuando |
Video corto (Reels, TikTok, YouTube Shorts) | 1–3 min | Alta, si el creador da pasos concretos | Quieres explorar un tema nuevo rápido |
Podcast | 20–45 min | Media — requiere tomar notas | Estás en trayecto, ejercicio o tarea manual |
Artículo de blog | 5–10 min | Alta, si tiene pasos o checklist | Buscas la respuesta a un problema específico |
Checklist o plantilla | 2–5 min | Muy alta — es directamente accionable | Tienes un proceso repetible que necesitas organizar |
Libro | 3–6 h totales | Baja en el corto plazo | Quieres entender un tema a fondo desde la base |
El libro no es un formato malo, es el más profundo de los cinco. Pero requiere tiempo continuo y contexto previo para ser útil, dos cosas que no siempre están disponibles en la etapa temprana de un negocio. El video corto y el checklist tienen el mejor resultado por minuto invertido cuando el objetivo es aplicar algo esta semana.
Por todo esto es que en Empiiu trabajamos exactamente con este principio: contenido concreto, organizado por el problema que tienes hoy, sin necesidad de terminar un programa completo antes de saber qué hacer; los datos lo demuestran.
Fuentes
Cámara Colombiana del Libro, Estudio de Hábitos de Lectura 2024 (camlibro.com.co)
DANE, Encuesta Nacional de Calidad de Vida 2023
Clear, J. (2018). Hábitos Atómicos. Paidós
Ebbinghaus, H. (1885). Über das Gedächtnis. Duncker & Humblot
No del todo. El 72 % de los colombianos encuestados por la Cámara Colombiana del Libro en 2024 dijo haber leído en el último año, con un promedio de 3,75 libros por persona, pero cabe resaltar que la cifra de lectura no determina que sean libros de índole educativo, o de entretenimiento.
Por eso el reto no es cultural, es de conexión entre el contenido disponible y las preguntas concretas del negocio.
Veinte minutos diarios de aprendizaje aplicado son suficientes para construir el hábito y empezar a ver cambios en 30 días. Lo que marca la diferencia no es la cantidad de tiempo sino la consistencia y el hecho de aplicar cada cosa aprendida antes de que pase un día.
Depende del curso y del momento. Los programas diseñados para mercados anglosajones o para empresas medianas suelen tener poca aplicación inmediata. Funcionan mejor los contenidos que trabajan con el contexto colombiano: normativa local, poder adquisitivo real del cliente y canales de venta disponibles aquí.
Un programa formal — diplomado, posgrado, aceleración — enseña marcos generales en un período definido. El aprendizaje continuo responde preguntas específicas en el momento exacto en que se necesitan. Los dos se complementan, pero el segundo es el que mueve el negocio hoy.
La única métrica que importa es si lo aplicaste y qué pasó. "Entendí el concepto" no cuenta igual que "cambié el precio de mi producto usando lo que aprendí y en la semana vendí tres unidades más". El resultado — aunque sea pequeño — es la señal de que el aprendizaje funcionó.
El problema probablemente no es la cantidad de lectura, es el salto entre leer y actuar. Una sola cosa aplicada bien vale más que diez temas entendidos y guardados en favoritos. Leer menos y aplicar más suele desbloquear ese freno.
El 72 % de los colombianos leyó en 2024. El reto no es de voluntad ni de cultura lectora — es de sistema.
El cerebro pide pausa cuando más necesitamos aprender porque la recompensa del conocimiento aplicado es futura, mientras que la energía disponible al final de la jornada es limitada.
El aprendizaje se frena en cuatro momentos concretos: intención sin plan, contenido sin contexto, información sin aplicación visible y resultado sin refuerzo.
Veinte minutos diarios de aprendizaje aplicado, distribuidos con frecuencia, producen más resultado que bloques largos y esporádicos — es el mismo principio del microaprendizaje y la práctica distribuida.
El formato con mejor retorno por minuto es el que responde la pregunta exacta que tienes hoy: artículo, checklist o video corto bien elegido.
Aplicar algo antes de que pasen 24 horas es la diferencia entre recordarlo y olvidarlo — lo demostró Ebbinghaus con la curva del olvido en 1885, y sigue siendo válido.
El aprendizaje más útil no requiere un programa completo — requiere la respuesta correcta en el momento correcto, y el hábito de usarla.