La merma: la parte de tu inventario que desaparece y que sí debes cobrar
Por Empiiu | Sistema de Gestión para Emprendedores · 3 min de lectura

Por Empiiu | Sistema de Gestión para Emprendedores · 3 min de lectura

Compras una cantidad de materia prima y no toda termina convertida en producto vendible. Se corta mal, se daña, se vence o simplemente sobra en pedazos muy pequeños para usarse. Esa parte que desaparece tiene un nombre —merma— y si no la cuentas, estás calculando tus costos con un número que no existe en la realidad.
Cuando compras un insumo, asumes que todo ese insumo se convierte en producto terminado. En la práctica, siempre se pierde una parte: un pedazo de tela que no alcanza para otra prenda, una fruta que se daña antes de usarse, un ingrediente que se derrama o se mide mal. Esa diferencia entre lo que compraste y lo que realmente terminó en un producto vendible es la merma.
No es un error de cálculo tuyo. Es parte normal de producir casi cualquier cosa. El error está en no medirla y seguir calculando tus costos como si el 100% de lo que compras se convirtiera en producto.
Si compras 10 metros de tela para hacer vestidos y solo usas 8 metros en prendas vendibles, tu costo real de tela por vestido no es el que sale de dividir el precio de la tela entre el número de vestidos que "deberían" salir con esa cantidad. Es más alto, porque parte de esos 10 metros no se convirtió en nada que puedas vender.
Ignorar la merma hace que tu costo por unidad se vea más bajo de lo que realmente es. Y un costo subestimado significa un precio de venta más bajo del que necesitas para no perder plata.
El cálculo compara lo que compraste contra lo que efectivamente se convirtió en producto vendible.
Primer paso: anota cuánto insumo compraste en un periodo —un mes, o un lote de producción—.
Segundo paso: anota cuánto de ese insumo terminó en productos que sí vendiste, descartando lo dañado, lo mal cortado o lo sobrante inservible.
Tercer paso: la diferencia entre esas dos cantidades, dividida entre lo que compraste, es tu porcentaje de merma.
Una modista compra 10 metros de tela para un lote de vestidos. Al terminar, revisa cuánta tela realmente quedó convertida en vestidos vendibles: 8,5 metros. El metro y medio restante son retazos muy pequeños para otra prenda y un pedazo dañado por un corte mal calculado.
Esa modista tiene una merma del 15% en esa tela. Eso significa que, para calcular cuánta tela necesita comprar realmente por vestido, no puede dividir 10 metros entre el número de vestidos que le "caben" en esa tela: tiene que sumarle ese 15% extra al costo de tela por vestido.

No toda la merma termina en la basura. Antes de descartar un sobrante, revisa si tiene un segundo uso que te ayude a recuperar parte de ese costo:
Dar un segundo uso a la merma no la elimina —siempre vas a perder algo—, pero reduce el impacto real de ese costo en tu negocio.
Una vez sabes tu porcentaje de merma, ajusta el costo de insumos por unidad multiplicándolo por ese porcentaje extra. Si un vestido usa en teoría $20.000 de tela y tu merma es del 15%, el costo real de tela por vestido es de $23.000, no $20.000.
Ese ajuste va directamente a tu costo variable por unidad, el mismo que usas para calcular tu punto de equilibrio. Ignorarlo no hace que la merma desaparezca: solo hace que la descubras más tarde, cuando el inventario no te alcanza para las unidades que esperabas producir.
Son parecidos, pero la merma incluye también pérdidas normales del proceso —como recortes inevitables al cortar una tela—, mientras que el desperdicio suele referirse a lo que se pudo evitar con mejor manejo.
La mayoría de los que trabajan con materiales físicos, sí: textiles, alimentos, materiales de construcción a pequeña escala. Los negocios puramente de servicios generalmente no tienen este concepto de la misma forma.
Varía mucho según el insumo y el proceso. No hay un número universal: lo importante es que midas el tuyo con tus propios datos, en vez de asumir un porcentaje genérico.
Es muy difícil eliminarla por completo, pero sí se puede reducir con mejores procesos de corte, medición o almacenamiento. El objetivo realista es bajarla, no eliminarla.
Revísala cada vez que cambies de proveedor, de proceso o de tipo de insumo. Un cambio en cualquiera de esos factores puede subir o bajar tu porcentaje real.
La merma es la parte de tu materia prima que no termina convertida en producto vendible: se corta mal, se daña, se vence o sobra en pedazos inservibles.
Ignorarla hace que tu costo por unidad se vea más bajo de lo real, y eso te lleva a poner precios que no cubren lo que en verdad gastas.
Calcúlala comparando lo que compraste contra lo que realmente se convirtió en producto vendible, y ajusta tu costo variable por unidad con ese porcentaje.
Antes de descartar lo que sobra, revisa si tiene un segundo uso que te ayude a recuperar parte de ese costo.
No existe un porcentaje de merma universal: mide el tuyo con tus propios datos y revísalo cada vez que cambies de insumo o de proceso.