Tu tiempo también cuesta: cómo ponerle precio a las horas que le dedicas a tu negocio
Por Empiiu | Sistema de Gestión para Emprendedores · 4 min de lectura

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Si pones precio a tus productos sumando solo lo que gastaste en materiales, te falta un ingrediente: tu propio tiempo. No se trata de ponerte un sueldo de gerente desde el primer mes. Se trata de que esas horas cuenten como una cifra real, así sea modesta, en vez de quedar regaladas.
Un proveedor te manda factura por la tela, la harina o el empaque. Tú no te mandas factura a ti mismo, así que ese costo desaparece del cálculo sin que lo notes. El resultado: entre más vendes, más horas le regalas a tu negocio sin que ese esfuerzo aparezca en ningún número.
Esto no es un detalle menor. Si dos productos cuestan lo mismo en insumos pero uno te toma una hora y el otro te toma seis, y los cobras igual, en el segundo estás perdiendo plata sin saberlo.
Los insumos son fáciles de cobrar porque hay un recibo de por medio. El tiempo no deja recibo, así que muchos emprendedores lo dejan por fuera del precio, o peor, lo consideran "gratis" porque de todas formas iban a hacer el producto.
Ese razonamiento tiene una grieta: cada hora que le dedicas a un producto es una hora que no le dedicas a otro, a buscar un cliente nuevo o a descansar. Tiene un costo real, aunque no salga de tu bolsillo directamente.
El cálculo parte de dos preguntas, no de una tarifa que te inventas al azar.
Primera pregunta: ¿cuánto quieres ganarte al mes por tu trabajo? No es cuánto quieres facturar en total —eso ya incluye insumos y otros costos—. Es lo que quieres llevarte tú, como si fuera tu sueldo. Empieza con un número modesto y realista para tu etapa actual, no con una meta ambiciosa que después te frustre.
Segunda pregunta: ¿cuántas horas reales le dedicas al negocio en un mes? Cuenta las horas de producción, de atención a clientas, de hacer mandados del negocio. No cuentes el tiempo que pasas viendo redes sociales por curiosidad ni las horas en las que solo estás pendiente del celular sin trabajar de verdad.
Dividiendo lo primero entre lo segundo obtienes el valor de tu hora. Con ese valor, multiplicas las horas que te toma hacer una unidad y ya sabes cuánto de tu tiempo va metido en cada producto.
Ana cose vestidos por encargo en Cali. Quiere ganarse $1.200.000 al mes por su trabajo —menos de un salario mínimo, pero es lo que le parece razonable mientras crece su clientela—. Le dedica al negocio unas 100 horas reales al mes, entre coser, tomar medidas y atender pedidos. Un vestido le toma 4 horas de trabajo.
Cada hora de Ana vale $12.000. Ese vestido de 4 horas trae, solo en tiempo de Ana, un costo de $48.000, sin contar la tela ni los demás insumos. Si Ana cobra el vestido en $90.000 y la tela le cuesta $25.000, sin el tiempo pensaría que le quedan $65.000 de ganancia. Con el tiempo incluido, lo que realmente le queda es $17.000.
Ese número no significa que Ana esté haciendo algo mal. Significa que ahora sabe exactamente cuánto le deja cada vestido, y puede decidir con esa información si sube el precio, agiliza el proceso o acepta ese margen por ahora.
Usa la calculadora con tus propios números. El resultado se actualiza al instante.
Calcula cuánto cuesta tu tiempo
Ese valor por unidad que te da la calculadora es el mismo tipo de dato que necesitas para calcular tu punto de equilibrio: va dentro de tu costo variable por unidad, junto con los insumos.
Es normal que la primera vez que haces esta cuenta, el precio que te da se sienta más alto de lo que estás cobrando hoy. Antes de asumir que el cliente no lo va a pagar, revisa estas tres cosas:
Si después de revisar esto el precio sigue sintiéndose alto, la alternativa no es seguir regalando tu tiempo: es replantear el producto, el proceso o a quién se lo vendes.
No necesariamente con las mismas condiciones legales, pero sí como una cifra fija que decides tú y que entra en el cálculo de tus precios, igual que cualquier otro costo.
Es normal en negocios que están arrancando. Lo importante es saber cuánto estás dejando de cobrarte, para que sea una decisión consciente y temporal, no un hueco permanente que nunca revisas.
Lleva un registro simple durante una o dos semanas típicas: anota cuánto tiempo real le dedicas a producir, vender y administrar. Con ese promedio ya tienes un estimado confiable.
El valor de tu hora es el mismo, pero el costo de tiempo por producto cambia según cuánto te toma hacer cada uno. Un producto que te toma más tiempo debe reflejar más costo de tiempo en su precio.
Sí, de hecho es más directo: en un servicio, tu tiempo suele ser la mayor parte del costo, así que calcular bien tu hora es todavía más importante.
Tu tiempo es un costo real, aunque no llegue una factura por él, y dejarlo por fuera del precio hace que entre más vendas, más regales.
El cálculo parte de dos preguntas: cuánto quieres ganarte al mes por tu trabajo y cuántas horas reales le dedicas al negocio. Dividiendo lo primero entre lo segundo obtienes el valor de tu hora.
Multiplica el valor de tu hora por el tiempo que te toma cada unidad para saber cuánto de tu tiempo va metido en cada producto o servicio.
Si el precio resultante se siente alto, revisa el sueldo que te pusiste, el tiempo por unidad y si tu precio actual ya lo estaba cubriendo sin que lo supieras, antes de asumir que hay que regalar el tiempo.
Ese costo de tiempo por unidad es el mismo dato que necesitas para calcular tu punto de equilibrio: va dentro del costo variable, junto con tus insumos.