Cuánto de tu factura de luz, gas, agua o internet es realmente un costo de tu producto
Por Empiiu | Sistema de Gestión para Emprendedores · 5 min de lectura

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Si usas electricidad, gas, agua o internet para producir, una parte de esas facturas le pertenece a tu negocio, no a tu casa. El problema no es si debes incluirla —siempre debes hacerlo—, sino cuánto de cada recibo le corresponde a cada cosa.
Cuando el negocio funciona desde la casa, el contador de cada servicio es uno solo. Eso lleva a dos errores igual de comunes: meter toda la factura al costo del producto, lo cual infla el precio sin razón, o no meter nada, lo cual te hace pensar que produces gratis cuando no es así.
Ninguno de los dos extremos es correcto. Lo que corresponde es calcular qué porción de cada servicio pasa realmente por tu producto.
En vez de preguntarte "¿meto la factura o no?", pregúntate: "de las horas, los litros o los usos que tiene este servicio en el mes, ¿cuántos son para producir y cuántos son para vivir?". Esa proporción es la que aplicas sobre el valor total de cada factura.
Es el caso más simple. Si el horno, la plancha industrial o la máquina que usas se destinan exclusivamente al negocio, casi todo su consumo es costo de producción. Revisa la ficha técnica del equipo —la potencia en vatios suele venir ahí— o pregunta al fabricante cuánto consume por hora de uso, y multiplícalo por las horas que lo usas al mes.
Es el caso de la estufa que usas para cocinar en la casa y también para tu proceso, o la luz de un espacio que es taller y sala al mismo tiempo. Aquí divides por tiempo de uso: si en un mes usas un equipo 60 horas en total y 20 de esas son para el negocio, un tercio de esa parte de la factura es costo de producción.
El agua no siempre se presta a contar horas: se presta más a estimar cuánta usas por lote de producción y compararla con el consumo total del mes. El internet, en cambio, casi nunca se puede prorratear por uso real: lo más práctico es estimar qué porción del tiempo que lo usas es para el negocio —tomar pedidos, publicar contenido, responder clientas— y aplicar ese porcentaje sobre el valor fijo del plan.
Antes de calcular cualquier proporción, necesitas el dato de consumo real del período, no solo el total a pagar. Cada servicio lo presenta distinto.

Camila hace jabones artesanales desde su casa en Medellín. Revisó sus cuatro servicios y calculó qué parte de cada uno le corresponde al negocio.
Energía: usa una batidora eléctrica y la luz del rincón donde trabaja. Su factura de energía es de $120.000 al mes. El taller —contando uso personal y del negocio— está encendido unas 60 horas al mes, y 30 de esas horas son exclusivamente para hacer jabones: 50% del uso es del negocio, así que $60.000 entran como costo del negocio.
Gas: derrite manteca de karité y aceites a baño de maría en la estufa. Le toma media hora por lote, y hace 16 lotes al mes: 8 horas de gas para el negocio, sobre un total de 45 horas de uso de la estufa en la casa. Eso es un 18% de la factura de gas de $70.000, es decir, $12.000 al mes.
Agua: usa unos 40 litros por lote para lavar moldes y equipos. Con 16 lotes al mes, son 640 litros para el negocio, frente a un consumo total de la casa de 12.000 litros (12 m3) según su factura de $95.000. Eso es un 5,3% del recibo: cerca de $5.000 al mes.
Internet: lo usa para tomar pedidos por Instagram y WhatsApp Business, responder clientas y mostrar el catálogo. Calcula que un 40% de su uso de internet es para el negocio. Sobre una factura de $90.000, son $36.000 al mes.
Servicio | Factura total | % del negocio | Costo que entra al negocio |
Energía | $120.000 | 50% | $60.000 |
Gas | $70.000 | 18% | $12.000 |
Agua | $95.000 | 5,3% | $5.000 |
Internet | $90.000 | 40% | $36.000 |
Total | $113.000 |
Esos $113.000 al mes entran como costo fijo del negocio de Camila, junto con los demás costos fijos que ya tenía identificados para calcular su punto de equilibrio.
No todos los negocios tienen un medidor aparte ni la posibilidad de contar horas o litros con precisión. Cuando eso pasa, una estimación razonable es mejor que dejar el costo por fuera del todo.
La mayoría de los servicios públicos funcionan como costo fijo: pagas un valor mensual relativamente estable, sin importar si ese mes vendiste diez jabones o cien. Por eso, el costo que calculaste se suma a tus costos fijos del mes, junto con el arriendo o la cuota de tus equipos.
La excepción es cuando el servicio depende directamente de cuánto produces —por ejemplo, si pagas gas o agua por consumo medido y cada unidad que haces implica un uso claramente identificable—. En ese caso, calcula el costo por unidad producida y súmalo a tu costo variable, junto con tus insumos.
En ese caso no hay que prorratear nada: toda la factura de esos contadores es costo de producción y se suma directamente a tus costos fijos.
Saca un promedio de varios meses para tener un costo fijo más estable, en vez de recalcular cada mes con una cifra que sube y baja.
Estima cuántas veces al mes usas agua para el negocio —lavar moldes, limpiar equipos— frente al uso total de la casa, y aplica ese porcentaje. No necesitas litros exactos, un estimado razonable basta.
Sí. Si usas electricidad para tu computador, internet para atender clientas o agua para cualquier parte de tu proceso, esa porción también es un costo de producción, aunque no fabriques un objeto.
Inclúyelo de todas formas, aunque sea un número pequeño. Varios costos pequeños sumados cambian tu punto de equilibrio más de lo que parece a simple vista.
Si usas electricidad, gas, agua o internet para producir, una parte de esas facturas es un costo real de tu negocio, ni toda ni ninguna.
Calcula esa parte según el tiempo, el volumen o el uso que le das a cada servicio para producir, comparado con el uso total del mes.
Cada servicio se prorratea distinto: energía y gas casi siempre por horas de uso, agua por volumen o número de usos, e internet por el porcentaje de tiempo dedicado al negocio sobre el valor fijo del plan.
Ese costo casi siempre entra como costo fijo mensual, salvo que dependa directamente de cuánto produces, en cuyo caso va en tu costo variable por unidad.
Una estimación razonable siempre es mejor que dejar el costo por fuera: ajusta el porcentaje cada pocos meses si tu producción cambia.